Camino...

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domingo, 26 de febrero de 2012

Enemigo / Aliado

Lo peor que podia suceder había ocurrido a Leonor recién empezado el viaje; enfrentarse a alguien con habilidades normales no era muy problemático, pero luchar contra alguien que podía controlar el hensei al igual que ella, era una tarea de dificultad mayúscula. No habiendo aprendido nunca a pelear contra alguien con las mismas habilidades era un conocimiento que esta vez aprendería de la manera práctica.

Nathaniel le amenazaba con la lanza, moviéndose sigilosamente como un tigre que prepara cada músculo para el asalto principal. Balanceaba de un lado para el otro la masa del arma, cuya filada punta hacía temer a Leonor de que su escudo no sería suficiente para detenerla. Entonces inició el ataque. Nathaniel se lanzó de lleno contra la muchacha, que con todo su peso resistió el embate del arma que por poco atraviesa el escudo. El hombre se movió rapidamente y con un cuchillo en la mano se abalanzó sobre Leonor, que afortunadamente había previsto algo parecido,y luego de alejarse a duras penas de la zona donde él podía dar un golpe mortal, aplicó hensei sobre el terreno donde él se había parado, y barras metálicas ascendieron, asemejándose a una improvisad cárcel. Lo que no previó es que Nathaniel también había usado alquimia, y un brazo semejante a una serpiente de tierra se enredó sobre el cuerpo de Leonor, y comenzó a apretarse como una serpiente constrictor. Si no fuera porque ella utilizó sus últimas fuerzas volviendo arena a la víbora terrosa, habría terminado inconsciente por la falta de aire en sus pumones.

El problema es que tantas transmutaciones le habian agotado. Cayó rendida en el suelo mientras Nathaniel se deshacía sin mucha dificultad de la cárcel. Comenzó a acercarse peligrosamente a Leonor, quien no podía hacer nada más que mirar al hombre que le apuntaba a la cabeza con el cuchillo en la mano. Leonor se atrevió a realizar una última transmutación, consciente que la energía perdida le dejaría inconsciente. Pretendía combinar los compuestos de la tierra, como el kalium y el agua, haciéndolos explotar, pero un gesto de su atacante le hizo detenerse. Nathaniel soltó el cuchillo y se sacó la especie de pañuelo que le tapaba el rostro, y vio ella la cara de un joven no muchos años mayor que ella, que le miraba con detenimiento.

- Sea lo que sea que vayas a hacer, no lo hagas. No eres útil inconsciente- dijo el joven mientras sacaba un líquido color ámbar de un bolsillo interior.

- ¿Quién demonios eres?- dijo Leonor furiosa.

- Escolta, o tal vez Tabris te dijo que podía ser un aliado.

¿Ésta era la ayuda de la cual Tabris había dicho en la carta?, se preguntó ella. No parecía haberse comportado de la manera más amistosa posible, a decir verdad.

- Lamento haber sido tan brusco, pero acostumbramos a probar a las personas antes de confiar en ellas, y por tu forma de enfrentarme, eres de confianza, aunque si hubiese sido un alquimista del estado,no hubieses vivido para contar la historia.

- ¿Probarme? ¿No podías sólo preguntarme quién era?- Leono estuvo a punto de agarrar una buena piedrae incrustársela al arrogante ese en medio de la cara, pero tenía mejores cosas qué preguntar antes de la venganza-. ¿Dices que conoces a Tabris?


Nathaniel era, mejor dicho, había sido, un alquimista del Estado, en la Capital del país. Había sido raptado de su familia cuando era muy niño, apenas 4 años tenía, cuando tuvo la mala suerte de transmutar un juguete de madera mientras fuerzas del ejército pasaban frente a su hogar. No recuerda mucho de los primeros años, pero era común que los niños capturados convivieran entre otros como ellos y fuesen entrenados en lugares especializados para la creación de futuros alquimistas en servicio. A punta de golpes y castigos fue aprendiendo a un ritmo demasiado acelerado para su edad, donde varios caían muertos debido a la constante fatiga y exigencia. Pero él desgraciadamente sobrevivió.

Fue utilizado como arma durante un levantamiento de granjeros. No habló sobre si había matado alguna persona, y Leonor no se inmiscuyó en ese tema. Entonces ocurrió algo en la Capital, un llamado a todos los alquimistas de servicio. Había una misión qué realizar; buscar a un hombre que había escapado del Estado hacia algún lugar, posiblemente hacia el sur. Había robado enormes tesoros del gobierno, además de investigaciones sobre el hensei que en sus manos podían ser peligrosas. 50 alquimistas fueron elegidos para encontrarlo, entre ellos él. Y hubiese seguido las órdenes al pie de la letra, de no haberse encontrado con el mismo Tabris, sin saberlo.

Fue en la ciudad donde Leonor había pasado. Tabris había viajado para comprar algunos materiales e insumos que no se podian encontrar en Ho- Yuan, y cuando se detuvo en una estancia donde comer, se sentó en la misma mesa donde Nathaniel descansaba luego de una exhaustiva búsqueda del anciano perseguido. De alguna manera, comenzaron una charla donde Nathaniel se maravilló de las cosas que el viejo hablaba con tanta seguridad. Al final de la conversación, Tabris desveló su nombre, y Nathaniel se halló en una pequeña encrucijada que resolvió rápidamente. No entregaría a aquel hombre, de hecho, lo ayudaría en la misión que el viejo le habría de encomendar.

- Cuando Armisael, Zenotae y Opherine hagan conjunción, alguien pedirá tu ayuda, y se la darás sin negarte. De esa manera encontrarás a quién llevará lo innombrable.

- Comprendo.

-Tal vez yo me haya ido, así que no te fíes de que no la acompañe. Debes proteger el objeto, pero más aún, debes proteger a su portador, y llevarla sana y salva al lugar donde el metal se duerme.

- Lo prometo.