Camino...

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domingo, 1 de enero de 2012

Aprendiz

Leonor tomó la resina y la vertió en el recipiente. El líquido verdeazulado que en él estaba tomó un color más claro, y comenzó a salir un vapor con un olor dulzón y agradable.

"Está listo", dijo ella cuando lo cambió a un recipiente de cristal más estético. Lo cerró con un corcho de madera y le puso una etiqueta con la inscripción . Lo guardó en un estante junto con otras muchas botellas de cristal con medicinas para enfermedades. Comenzó a limpiar las ollas y demases y a preparar la comida puesto que Tabris seguramente estaba por regresar de la visita que le hizo a la señora Grand, afectada por dolores de los huesos. Se levantaron los dos muy temprano para prepararle un unguento para masajes, para que estuviera lo suficientemente fresco a fin de que rindiera el máximo de efectividad.

Después del incendio y de la muerte de sus padres, Tabris la había adoptado y mantenido en su casa, mientras se recuperaba, y al ver que no tenía otro lugar al cual ir, decidió tenerla como protegida en su hogar. Y con los años ella fue aprendiendo a crear pócimas médicas para las personas de la aldea, si incluso llegaban forasteros a pedir elixir del desierto con el fin de cruzar hasta las tierras indómitas del sur.

Habían pasado siete años desde que su casa se quemó aquella noche. Visitaba cada vez que podía la tumba de sus padres, y se entretenía en la casa, cocinando y preparando las pócimas que eran más faciles de hacer y no requerían demasiada energía en el hensei. Además de vez en cuando iba a una guardería y les daba la comida a los niños pequeños, o les contaba las mismas historias que Tabris le contaba cuando era niña. Sin embargo, en ella había una extraña ansiedad por querer ir a alguna parte.

Jamás había salido de Ho-Yuan, su aldea. Pasaba largas horas mirando el sendero, único camino establecido por donde llegaban y pasaban hombres a pie, caballo o carreta, y era el lugar obligado de cualquiera si quería hacer un viaje. Y Tabris le decia que no eran tiempos de viajes fuera del terruño natal.

De todos los forasteros que pasaban por Ho-Yuan, el comentario era unánime: tiempos peligrosos eran los que se estaban viviendo en otras partes del país. Grupos separatistas cometían sangrientas acciones y lo mismo hacían las fuerzas estatales. Atentados con explosivos y ataques a bases militares estaban a la orden del día, y las represalias no se dejaban esperar contra cualquiera que fuera considerado sospecho del delito de traición o ayuda a separatistas, y todos los días se amenazaba con que, en pos del orden del país, se sacarían a los alquimistas a las calles.

"No es no, Leonor" era la opinión de Tabris, "ningún viaje hasta que las cosas se calmen".

"Aldebarán se juntará con Polaris antes de que eso pase" decía con indignación ella, haciendo a referencia a esas dos estrellas que hacían conjunción cada 700 años. "Quiero ver la plenitud del mundo, conocer muchos lugares al igual que tú y tener grandes y largas historias de esos viajes, ese es mi deseo".

"Irrealizable deseo por lo pronto, y no se hable más del asunto en esta casa".

A pesar de lo que deseaba su corazón, Leonor también tenía algo de sentido común, y sabía que no era muy conveniente el hecho de recorrer tierra sin ninguna forma en la cual defenderse. Con catorce años no pasaba de ser una jovencita sin mucha ofensiva, por lo que decidió aprender alquimia defensiva.

Tabris no se negó. Le parecía buena la idea de que aprendiera a defenderse de los peligros que puede haber a la vuelta de la esquina, con la condición de carácter especialmente grave de utilizarla sólo en casos de real emergencia. Leonor estuvo de acuerdo con ello e iniciaron las clases primero con un acondicionamiento físico, ya que según Tabris, el cuerpo es el que crea la energía necesaria para el heisen. Luego y unido a lo anterior, venía el estudio sistemático de la materia y sus propiedades, porque lo único que el hensei hacía era cambiar su composición y estructura, no creando materia nueva, sino transformándola usando como catalizador la energía interna del alquimista.

Después de toda la preparación, venía la acción. Eligieron un campo al aire libre para una mayor libertad y tranquilidad, y entonces comenzó la fase final del hensei. Tabris le pidió levantar una pequeña pared de tierra entre él y ella, y Leonor se puso en posición de llevar a cabo la alquimia. Los alquimistas del periodo antiguo tenían que utlilizar métodos auxiliares para canalizar su energía interior, el nwen, con objetos especificamente diseñados para aquello, o con dibujos que concentraran la energía en ellos. Pero con el avance en los conocimientos ya no fueron necesarios estos artilugios, y el alquimista podía perfectamente hacer cruzar el hensei en su cuerpo sin mucha dificultad.

Lo primero era respirar profundamente, a fín de quemar la mayor cantidad de energía posible. Luego venía el "sentir" el flujo vital de esa energía dentro del cuerpo del alquimista, y hacerlo cruzar una y otra vez por las manos. Ésta era la parte más difícil, puesto que sin la necesaria atención, el flujo se perdía de vista. Cuando ya se estaba seguro del ritmo y movimiento, venía la canalización, el enviar y dirigir esa energía hacia las manos y concentrarla ahí. Paralelamente, debía hacer la acción mentalmente en su cerebro, para luego realizarla en la realidad. Entonces venía el acoplamiento entre lo que se quería hacer, y lo que se iba a hacer. Y ahí venía el hensei, la transmutación.

Todo este proceso se realizaba en algunos segundos, y un alquimista experto no demoraba más que un par de estos. Leonor tomó sus manos y las posó en la tierra, y una luz escarlata brilló en el punto de contacto. De pronto una pequeña masa de tierra se levantó a escasos metros y formó una especie de barricada entre Tabris y ella. Cuando terminó, Leonor se tiró al suelo exhausta. El hensei requería mucha energía para un alquimista novato, pero había sido un sorprendente primer intento.

Y así fue ella mejorando sus transmutaciones. Perfecciónó su barrera, utilizando los metales presentes en la tierra y recombinándolos formando una muralla metálica en su interior, hacíéndola mucho más resistente, y aprendiendo éstas y muchas otras cosas que Tabris le iba enseñando con cada nuevo avance. Crear cadenas, escudos, cárceles y demás cosas con los elementos que hallaba en su interior. La tierra era el mejor elemento que podía controlar, el agua era mucho más inestable, y nada que decir del aire, donde por su inexperiencia su control era mínimo. No podía controlar el fuego sin aprender a manejar los gases, y el metal daba ciertos inconvenientes dependiendo de la clase del mismo. Aún no experimentaba con la madera y los vegetales, pero Tabris fue enseñándole a crear vendas y toda clase de implementos con ellos.

Llegó un momento donde Tabris admitió que nada más podía enseñarle, y que con los conocimientos que tenía podía instruirse sola y perfeccionarse en lo que le faltaba.

"Pero todas estas cosas son para defensa contra personas que no usan el heisen. ¿Qué pasa si tengo que luchar contra otro alquimista?" preguntó Leonor una vez.

"Si llevas una vida tranquila y sin buscar el peligro, nunca tendrás que enfrentarte a un alquimista".

"¿Pero si llegara a ocurrir?"

"No sucederá, estoy seguro".

Y un tiempo después, Tabris cayó enfermo.

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